A Newman le encantaba partirse la cabeza con platos sencillos, como hamburguesas y ensaladas, hasta que un día se aventuró a lanzar una salsa de su invención al mercado. Sin encuestas de aceptación previas, ni técnicas de marketing al uso. Solo aceptó poner su cara en las botellas, a cambio de renunciar a lo que habría sido un 'beneficio descarado'. Y decidió invertir todo lo ganado en proyectos de caridad.
Gracias a su nombre, y sobre todo a su calidad, Newman's Own consiguió un éxito inesperado. Newman fue incorporando otras creaciones: salsa para espaguetis, palomitas de maíz... Y decidió dar forma a su propio proyecto solidario: un campamento para niños con enfermedades graves.
Desde entonces la gama de productos no ha dejado de crecer y tampoco los campamentos -tres en EE UU, uno en Francia y otro en Irlanda-, gracias a beneficios anuales de 9,5 millones de euros. Las donaciones suman ya 160 millones. |